History of the Priesthood

Como Comenzó el Sacerdocio

The Roman Catholic priesthood began on the first Holy Thursday over 2,000 years ago when Jesus Christ celebrated the Last Supper in the Upper Room in Jerusalem with His apostles. On that night, Jesus gave the Church both the Sacrament of Holy Orders – the priesthood – and the Sacrament of the Eucharist. For this reason, the Catholic Church places great importance on the ministerial priesthood because it continues the call of Jesus and the response of the apostles to His command to “Go, therefore, and make disciples of all nations” (Mt 28:19).

From the very beginning, priests have celebrated the sacraments, taught the Church’s teachings, and provided leadership to the people. The priesthood is mainly about service and is dependent upon the priesthood of Christ to help the Christian faithful become holy and gain eternal life.

Today, there are more than 400,000 priests in the world, called by Christ from every region and nationality. This diversity helps to show that the priesthood is the same everywhere, but the Church always remembers that the ministry of ordained priests is measured always against the one supreme model of Christ the eternal High Priest.

For 2,000 years, Jesus has called men to this unique life of sacrifice and service: “I will give you shepherds after my own heart” (Jer. 3:15). In these words from the prophet Jeremiah, God promises His people that He will never leave them without shepherds to gather them together and guide them on their way to eternal salvation.

What was important for the first followers who said “yes” to Jesus’ invitation to join Him in His ministry remains so today for those engaged in priestly formation. Men who are open to the power of the Holy Spirit by choosing to pursue a vocation to the priesthood are surely helping to bring about the New Springtime in the Church.

El sacerdocio católico romano comenzó en el primer Jueves Santo hace más de 2000 años cuando Jesucristo celebró la Última Cena en el Cenáculo de Jerusalén con sus apóstoles. En esa noche, Jesús le dio a la Iglesia el sacramento del Orden – el sacerdocio – y el sacramento de la Eucaristía. La Iglesia Católica reconoce una gran importancia en el sacerdocio ministerial porque sigue el llamado de Jesús y la respuesta de los apóstoles a su mandamiento de “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28:19).

Desde el principio, los sacerdotes han celebrado los sacramentos, impartido las enseñanzas de la Iglesia, y proporcionado el liderazgo a la gente. El sacerdocio es principalmente sobre el servicio y depende del sacerdocio de Cristo para ayudarles a los fieles cristianos que se conviertan en santos y obtengan la vida eterna.

Hoy en día, hay más de 400,000 sacerdotes en el mundo, llamados por Cristo de todas las regiones y nacionalidades. Esta diversidad nos ayuda a mostrar que el sacerdocio es el mismo en todas partes, pero la Iglesia siempre se acuerda de que el ministerio de los sacerdotes ordenados se mida siempre en comparación con el modelo supremo de Cristo, el sumo y eterno Sacerdote.

Por 2,000 años, Jesús les ha llamado a los hombres a esta vida única del sacrificio y servicio: “Os pondré pastores según mi corazón” (Jer. 3:15). En estas palabras del profeta Jeremías, Dios le promete a su pueblo que Él nunca los dejará sin pastores que pueden reunirlos y guiarlos por el camino de la salvación eterna.

Lo que era importante por los primeros seguidores que dijeron “sí” a la invitación de Jesús a unirse a él en su ministerio sigue a ser importante hoy en día para ellos que participan en la formación sacerdotal. Los hombres que están abiertos al poder del Espíritu Santo, cuando responden a una vocación al sacerdocio son, sin duda, ayudan a llevar a cabo la nueva primavera en la Iglesia.

"When we walk without the cross, we are not disciples of the Lord." -Pope Francis